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Phoenix Dactylifera: información y cultivo

Phoenix Dactylifera: información y cultivo

Phoenix Dactylifera: morfología y origen

Dentro de la gran variedad de palmeras que existen, merece un lugar destacado la llamada Phoenix Dactylifera, comúnmente llamada palmera datilera y también conocida por los nombres de palma común, támara o fénix.

En cuanto a su morfología, la Phoenix Dactylifera puede superar los 30 metros de altura y un diámetro que oscila entre los 30 y los 50 centímetros. Sus raíces son fibrosas y no demasiado gruesas, con un tronco rugoso, largas hojas pinnadas de color verde pálido y flores pequeñas y fragrantes.

El origen de la palma datilera no se conoce a ciencia cierta, aunque se cree bastante probable que sea nativa de las tierras de Arabia o el norte de África. Hay abundantes testimonios sobre su cultivo en los valles del Nilo y el Éufrates, donde se consideraba un símbolo de la fertilidad. En España fue introducida por los árabes, extendiéndose también su cultivo a la zona sur de Francia, Italia y Grecia.

Condiciones y técnicas de cultivo

La Phoenix Dactylifera es un árbol que se desarrolla con mayor facilidad en climas cálidos, de ahí que se cultive preferentemente en terrenos áridos y semiáridos con una baja humedad relativa. Puede prosperar en casi cualquier clase de suelo, aunque resultan más favorables los suelos arenosos. Presenta en todo caso una gran tolerancia a la sequía y la salinidad.

En lo que respecta al cuidado de la palmera, se recomienda un riego frecuente en ambientes calurosos. No obstante, en caso de temperaturas bajas, lo ideal es disminuir el riego, toda vez que el crecimiento del árbol es lento y la transpiración más bien escasa. Las necesidades de riego dependen también del tipo de sustrato, siendo preciso un riego más frecuente cuanto más ligero sea el sustrato. De todas formas, conviene ser cauteloso con esto del riego, ya que un exceso de riego podría causar la asfixia y muerte del vegetal.

La siembra debe realizarse al inicio de la primavera, consiguiéndose una mejor germinación si se introduce la semilla previamente en agua a 30ºC durante 48 horas. En cuanto a la fertilización, este tipo de palmera no es muy exigente, aunque no suele estar de más añadir algún tipo de abono mineral u orgánico, sobre todo en verano, ya que en esta estación resulta mayor el crecimiento.

En el cuidado de la palmera conviene también prestar especial atención a la poda, ya que con ella se consigue que esta sea menos vulnerable a efectos externos, al tiempo que se la adecua a las necesidades del espacio en el que se desarrolla, proporcionando una mayor belleza tanto al ejemplar en sí como a su entorno. La poda se debe llevar a cabo durante el invierno, eliminado al hacerlo las hojas muertas o enfermas, pero respetando todo lo posible la forma natural de la copa. Asimismo, en las labores de poda y limpieza ha de procurarse que los cortes resulten siempre limpios, sin causar desgarros en el tronco, ya que estos no cicatrizan y podrían convertirse en un cauce para la entrada de agentes patógenos.

Usos de la Phoenix Dactylifera

La principal utilidad de la palma común es, qué duda cabe, la producción de su exquisito fruto: el dátil. Este fruto comestible constituye, de hecho, el alimento básico de numerosos países. Los dátiles tienen, además, numerosas propiedades medicinales, tales como robustecimiento de la actividad cerebral, mejora de la visión nocturna o, entre otras, fortalecimiento de los huesos. De ahí que el consumo de dátiles resulte enormemente beneficioso para la salud. Conviene tener en cuenta a este respecto que las palmeras datileras empiezan a dar sus frutos entre los tres y los cinco años, alcanzando su periodo máximo de maduración a los doce.

 

También es posible dar un uso a la madera obtenida de estas palmeras para la construcción de vigas, puertas, mesas, bancos y otro tipo de mobiliario.
Asimismo, tanto del tronco como de las hojas pueden obtenerse ingredientes con los que elaborar biofertilizantes.
Por último, se trata de árboles que dan mucho juego ornamental en jardines, lo que les confiere también un importante valor estético.